Xbox One y lo imposible

Xbox One y lo imposible
Xbox-One-javipas
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Alucinado estoy ante la avalancha de comentarios negativos que ha tenido la presentación de la Xbox One. Conozco el tema porque me encargué del artículo especial sobre la Xbox One en Xataka el día de su presentación, y porque he podido ir comprobando el seguimiento a esa cobertura pero también al que se le dio a la nueva consola de Microsoft en otros medios.

Seguro, puede que me equivoque, pero mi sensación es que Microsoft lo ha bordado con esta consola. Ha sido lo suficientemente valiente para dar un paso importante en su arquitectura (adiós PowerPC, hola x86/x64), y lo suficientemente lista para no centrarse únicamente en juegos. La televisión y los contenidos multimedia ya eran importantes en la Xbox 360, pero lo serán aún más, mucho más, en la Xbox One, con su entrada HDMI (brillante, retomando el concepto del dispositivo passthrough al estilo de los viejos vídeos VHS) y con su lector Blu-ray, necesario no tanto para dar soporte a las películas (viva el streaming) como para poder meter más datos en los juegos que se distribuyan para esta consola.

Y sin embargo, los hardcore gamers no han hecho más que llorar y protestar. Qué pasa con la retrocompatibilidad. Qué pasa con los juegos usados. Por qué tiene que estar la consola todo el tiempo online. Qué pasa con Kinect y su modo cotilla constante. Todas dudas válidas y lógicas, y que probablemente tengan su explicación, aunque solo en una puedo aportar conclusiones válidas.

En donde sí lo tengo claro es en la primera. No hay retrocompatibilidad porque hay un salto de arquitectura que no puede afrontar ese problema de forma aceptable. Pasó con el salto de PowerPC a x86 de Apple (¿quién echa de menos PowerPC?), pasó con el salto de la Xbox a la Xbox 360, y pasó con el salto de las consolas y ordenadores de los 8 a los 16 y de los 16 a los 32 bits.

No seamos hipócritas. El cambio, la mejora, requiere sacrificios.

Puede que llegue (o más bien, seguro que llegará) un momento en que podamos emular la Xbox 360 en los futuros PCs de sobremesa o, por ponerme chulo, en los futuros smartphones -o como se llamen-. Pero para entonces esa emulación será anecdótica, como lo es ahora todo lo retro en informática. Muy simpático, muy rollo sentimental, pero anecdótico. Los emuladores están ahí para casi todo lo que ha existido hasta hace pocos años, y eso no importa a la inmensa mayoría de jugones, ávidos por dar el salto al nuevo FIFA 14, al CoD: Ghost o al Gran Turismo 6. La emulación es un nicho. Y no muy grande.

Lo de los juegos usados, en cambio, tiene mala pinta, y ahí coincido con las quejas. Si uno compra un juego, la desarrolladora y toda la cadena por la que pasa ese juego ya ha hecho caja. Volver a pedirle al nuevo comprador (re-comprador) pasar por caja me parece peligroso, pero la cosa aún no está definida en este aspecto, así que veremos qué proponen Microsoft y las desarrolladoras y distribuidoras de videojuegos.

Lo mismo ocurre con las dudas sobre esa aparente necesidad de estar online ("¿Y si quiero jugar solito?") o de esa obsesión de que Kinect siempre esté conectado y funcionando ("Xbox, switch off Kinect"). Parece que lo de estar permanentemente conectados a Internet no será requisito siempre -por lo visto, Microsoft ofrecerá esa opción, pero serán los desarrolladores los que la activen o no- así que por ahí podemos quedar más tranquilos, pero lo de Kinect resulta más bien espeluznante y espero que en Redmond nos cuenten cómo desactivar esas funciones de reconocimiento de voz y gestos si no queremos disfrutarlas.

A partir de ahí, por supuesto, surgen las inevitables comparaciones. Y las más inevitables, lógicamente, con la PS4, de la que se conocen pocos datos, pero de la que muchos fans ya indican que va a ser netamente superior a la consola de Microsoft en el apartado técnico. Que si uso de memoria GDDR5, que si una GPU superior, que si TFLOPs para dar y tomar, que si el juego online es gratuito. Y sin embargo, el mismo discurso (o muy parecido) surgió en la generación actual, y mira como están las cosas.

Justo en este punto es donde habría que mencionar el artículo "Hardcore Console Gamers Don€™t Want Much, Just the Impossible" publicado en Wired ayer, y en el que en realidad he basado esta reflexión. Sobre todo, porque lo que ha hecho Microsoft -una Xbox One que va más allá de los juegos, más que nunca- ha demostrado, con los datos que tenemos, ser lo adecuado a nivel financiero:

It€™s looking more and more likely that what the gaming-only crowd wants is, as a financial matter, simply impossible.

Así es. Lo que quieren los jugadores es imposible. A no ser, claro, que quieran arruinar a las compañías. Y si arruináis a las compañías, os quedáis sin consolas y sin juegos. Yep, soy propietario de una Xbox 360, así que mi objetividad es nula. Y aún así, esas críticas a la Xbox One me están entrando por una oreja y saliendo por la otra porque creo, como he dicho al principio, que Microsoft lo ha bordado. Sinceramente, me da que se van a salir. A ver cómo está la cosa dentro de un año. Voy poniéndome alertita en el calendario.