Sincroniza esto: te odio, Bluetooth
Bluetooth es la peor tecnología de la historia. Punto.
Querría tratar de relajar el discurso o incluso ponerle apellidos. Podría decir que “solo” es la peor tecnología inalámbrica de la historia, o tratar de buscar peores candidatos a ese premio (¿Microsoft Bob? ¿Tamagotchis?), pero lo cierto es que ni siquiera esforzándome puedo suavizar ese odio visceral que siento hacia un estándar de conexión que jamás me ha funcionado como debería.
La intención de sus creadores y la idea original era buena, seguro. ¿Por qué no crear un estándar inalámbrico que permita transferir datos a poca distancia entre dispositivos? Ya sabéis, uno que sea sencillo de utilizar, que funcione en cualquier situación y que lo haga además de forma eficiente y rápida.

Seguro que los iluminados que crearon Bluetooth tenían esa idea en mente y esos buenos deseos, pero la implementación final ha resultado ser un condenado infierno. Uno en el que el estándar no es sencillo de utilizar (no si quieres que funcione), en el que las cosas no funcionan en cualquier situación y en el que desde luego la conexión no funciona ni eficiente ni rápidamente.
Es cierto que Bluetooth funciona para según que cosas. Normalmente no lo hace mal del todo en auriculares inalámbricos para nuestros smartphones o en conexión de ratones y teclados inalámbricos, pero si uno empieza a querer ir más allá lo tiene crudo. Vamos a resumir alguna de las pegas del estándar:
- Demasiada interacción: conectar dos dispositivos para que se sincronicen y se envíen información entre ellos es una pesadilla de la usabilidad. Activar la conexión, comprobar que los dispositivos estén visibles, que el que estamos conectando es el que queremos, emparejarlos con un PIN, confirmar transferencias... ¿a quién narices se le ocurrió esa interfaz de uso? Y mejor no hablar del famoso emparejamiento de dispositivos. Incluso logrando emparejarlos es posible que eso no sirva de nada y que no oigas el audio en los auriculares o altavoces -por ejemplo- cuando deberías poder oírlo. O que lo oigas una vez y en la siguiente conexión, confiado en que todo está resuelto ya, de repente no funcione. ¿Por qué? Exacto. A saber.
- Distancia: hay tres clases de dispositivos bluetooth con tres alcances y potencias de transmisión distintas, pero aun centrándonos en la clase 3, la más popular para accesorios típicos, el alcance va y viene y desde luego la práctica usual es que los dispositivos casi estén pegados para garantizar al menos esa conexión inicial. Viva el mundo sin cables en el que al final uno tiene que levantarse para acercarse a la fuente o destino de las transferencias. Muy NFC, sí señor. Pero es que para eso está NFC.
- Velocidades de transferencia: los 24 Mbps de Bluetooth 3.0 y 4.0 son otro de esos mitos de la ciencia porque las transferencias de datos entre dispositivos usando este estándar son eternas. En un mundo en el que la foto de turno suele ocupar un par de megabytes la gente acaba acudiendo al WhatsApp y a su cuota de datos para algo que podría hacer gratis si el estándar funcionara rápido y bien. Idea de negocio estúpida: WhatsAppTooth: transfiere tus archivos rápidamente vía Bluetooth y ahórrate datos en tu operadora. Si crees que puedes hacer que funcione, claro.
- Conexiones múltiples: si consigues que la tecnología te funcione entre tu teléfono y tus cascos -por poner un ejemplo- no quieras ir más allá. De verdad, no intentes que además pueda conextarse al teléfono de tu pareja, o a ese altavoz inalámbrico de casa de un amigo o del coche, o a cualquier otro cacharrito. Déjalo tranquilo porque los emparejamientos Bluetooth son como los de los pingüinos: para toda la vida, o casi.
Los problemas van más allá y también se extienden a los desarrolladores software y hardware -por lo visto trabajar con stacks (pilas) Bluetooth en distintas plataformas es la mar de entretenido- o a la seguridad de unas conexiones que también tienen unos buenos rotos si uno sabe buscarlos.
Aquí está claro que deberíamos darnos cuenta de que estándares como Wi-Fi Direct podrían tener su oportunidad, pero este estándar, mucho más natural de usar porque es como conectarse a una red WiFi convencional, no acaba de cuajar en el mercado por alguna de esas misteriosas razones que condenan a tecnologías técnica y operativamente superiores.
Puede que alguno de vosotros haya sufrido esos problemas tan solo de cuando en cuando, pero es que una tecnología tan extendida como Bluetooth debería estar mucho más madura de lo que está a estas alturas. Demasiadas segundas oportunidades, leñe. Alguien debería acabar con ella.
Odio la tecnología Bluetooth. De verdad. La odio.
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