Revisitando Star Wars (2/6)

Revisitando Star Wars (2/6)
clones

El despiporre de efectos digitales nos da la bienvenida a ‘Star Wars Episode II: Attack of the Clones‘ con el mismo poco respeto a la historia que uno podía observar en el Episodio I. Ya no era cuestión de contar la historia sino de adornarla, y aquí pasa tres cuartos de lo mismo. No creo que haya un solo fotograma de la película en el que no haya un croma con una navecita, un bicho o un personaje artificial.

Si esto fuera un juego de ordenador lo vería normal, pero es que no lo es. Es una película, y se supone que una destinada a mantener la leyenda de la saga. A mí me ha parecido otro truño. Dos de dos.

Vi esta segunda entrega el pasado jueves con un vecino que tiene una opinión más benevolente de ambas entregas -de hecho, le cae simpático JarJar, algo sospechoso-. Pero claro, quizás las ve así porque en esta ocasión se quedó roque durante 10 minutos, algo que me haría gracia si no fuera porque yo estuve también a punto de caer en los brazos de Morfeo. La película es a ratos soporífera. Tócate las narices.

Pero vayamos por partes: como decía, lo de los efectos es exagerado. Es una especie de “vamos a añadir efectitos por el mero hecho de que podemos hacerlo“. Exagerar no suele ser bueno y tampoco lo es en este ámbito, porque al final uno acaba aburrido de tanto elemento artificial, que distrae de la historia. Quizás eso es precisamente lo que quería George Lucas, del que he encontrado una imagen bastante reveladora:

lucas2

Luego, claro, está la historia. Yo diría que la trama no está mal, es aceptable si lo que intentaban era dar continuidad y sentido a las futuras (antiguas, más bien) entregas. No entiendo muy bien por qué la senadora (ya no reina) Amidala es tan importante, pero el caso es que todo se centra en ella: la atacan y se tiene que pirar (el momento me hago las maletas y cargo con ellas es brutal por lo ridículo) a Naboo, el súper resort de la paz, el amor y la armonía en el que, eso sí, siguen teniendo que llevar maletas a cuestas.

Lo hace con Anakin, un púber en plena edad del pavo (pavo-púber, suena parecido, ¿coincidencia?) que sería casi candidato a lo de Hermano Mayor. Borde, listillo, agresivo, obsesionado con ficharse a la senadora (bueno, eso no es tan grave, Natalie es Natalie) y, sobre todo, insoportable. No es que el papel de Natalie sea muy agradecido, porque ella también parece bastante poco resuelta -la escena en la que discute con Anakin delante la reina es un ejemplo- para las tablas que se le suponen tras tanto tiempo en puestos… directivos. Pero es que a ello se suma el tema de la historia de amor, pilar fundamental de toda la saga y cuya ejecución en la peli es absolutamente ridícula. No hay feeling aparente entre los dos, no transmiten nada, y de hecho Amidala parece bastante más mayor (curioso, ambos nacieron en el 81). No hay explicación posible (bueno, el amor, claro) para esa transformación a los ojos de Amidala. Empieza la peli viéndole como un preadolescente, y de buenas a primeras le confiesa su amor total. ¿Por qué ese cambio? A saber. Salvo por lo cabezón que es Anakin la historia no tendría ni pies ni cabeza. De hecho, amigos míos, aquí reside la única lección de la película:

Quien la sigue la consigue.

Así que si estáis en esa situación, haced caso a Anakin, porque conozco varios casos (reales) en los que lo de ser cabezón funciona. Pico y pala, chavales. Pico y pala.

Anakin también es protagonista absoluto en ese progresivo camino hacia el lado oscuro. El chaval ya tenía todas las papeletas desde el minuto cero, pero lo de que secuestren a su madre por las buenas -¿por qué?- y la machaquen a palos hace que dé un paso importante para convertirse en Darth Vader. Por cierto, el regreso a Tatooine y la puesta en escena de los tíos (y el abuelo) de Luke y Leia no está mal, sobre todo porque son lo que uno espera que sean unos granjeros espaciales: apocados y tostonazos. Bien por esa interpretación coherente con la historia. En el momento venganza de Anakin, eso sí, Lucas nos ahorra momentos crueles -esto es una peli para todos los públicos- y apenas se ve al chico desplegar su rabia y su furia, aunque eso sí, luego rompa a llorar con Amidala para contarle la tragedia. La escena es cero dramática (a no ser que uno vea mucho Disney Channel) y, desde luego, poco convincente. Pero oye, ahí queda eso.

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Por otro lado está Obi-Wan Kenobi, que de nuevo me resulta insulso, “poco sabio” y no un jedi especialmente poderoso. Vamos, que un cazarecompensas le ponga en problemas es de traca, por muchos trucos en la manga que tenga ese fork de Batman. Muy, muy flojito, como la inmensa mayoría de jedis, que uno pensaría que tienen bastantes más recursos cuando luchan en el circo romano este que les monta el Count Dooku. Como malo no está mal (Lee es una leyenda, difícil que lo hiciese mal incluso en este truño) aunque yo hubiera preferido a un Darth Maul que como dije en el anterior post sí era malo de postín.

Pero si hay una escena ridícula, esa es la de la pelea final. Aquí Dooku se porta, e incluso la parte con Obi-Wan y Anakin es pasable -los friquis de Star Wars explican por qué Anakin no es rival, Dooku es la pera como espadachín láser-. Pero entonces llega Yoda, algo que recuerdo que muchos esperábamos con una expectación brutal para saber qué ocurriría en ese duelo singular.

Qué decepción. Yoda pasa, como comentaba mi vecino, de andar trabajosamente con bastón a convertirse en un saltimbanqui digital que no para de hacer piruetas y saltitos para luchar contra Dooku, que debo reconocer que lo hace bastante bien -bueno, él y su doble- con el sable láser. Es una escena lamentable, una tragedia para cualquier película con duelos de espadachines (el mejor, el de “La princesa prometida”, sin lugar a dudas), y una vergüenza para todo lo que rodea al universo de Star Wars.

¿Qué salvaría de la peli? Desde luego, no las apariciones de Jar Jar (qué necesidad de volver a meterle, y además de que tenga un papel clave en una votación del consejo de la federación), no el papel de Samuel L. Jackson y no ese citado abuso de los efectos digitales. Quizás a Dooku (parece que solo salvo a los malos en estas dos entregas, curioso) e incluso a Palpatine (Ian McDiarmid lo hace bien), y quizás el reencuentro de C3PO con R2D2, que como en la primera entrega tienen unos papeles mucho menos relevantes que en las entregas clásicas. Y entre las escenas de la peli, solo dos rescatables. La primera, cuando Obi-Wan tiene su momento chisposo en el bar y convence al yonqui de que vuelva a casa y se replantee su vida haciendo uso de los trucos mentales jedi. La segunda, el visionario comentario de C3PO al ver la fábrica de robots:

Oh my godness! Shut me down! Machines making machines. How perverse!

Ahí le has dado, 3PO. Y puede que no andes descaminado.

Conclusión: la peli es mala. Tanto que me ha hecho replantearme la nota de la anterior, que había dejado en un 5,5. Error. Es un cate como un templo, como esta. He editado la anterior y puntuado ésta segunda entrega en consecuencia.

Nota IMDB: 6,7/10

Mi nota: 4,6/10

Otros posts de esta particular serie:

  1. Revisitando Star Wars (1/6)
  2. Revisitando Star Wars (2/6)
  3. Revisitando Star Wars (3/6)
  4. Revisitando Star Wars (4/6)
  5. Revisitando Star Wars (5/6)
  6. Revisitando Star Wars (6/6)

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