Raspberry Pi y el cine total
Los que lleváis un tiempo leyéndome sabréis ya que lo de disfrutar de un buena experiencia multimedia en el salón es uno de mis pequeños objetivos permanentes. En 2007 inicié una serie de artículos para explicar cómo me había montado mi particular HTPC, un PC de salón que combiné con un proyector para poder acceder a esa posibilidad.
Aquello molaba porque me permitió ir probando todo tipo de alternativas en esto de la gestión de contenidos multimedia. Windows Media Center, MediaPortal, MythTV -en aquella época muchísima gente leyó estos post– XBMC -el que finalmente se quedó, y que molaba por cosas como esta– o aquel LinuxMCE de infausto recuerdo que se cargó las particiones de mi disco duro por las buenas.

Pero todo evoluciona. En mi caso la revolución la provocó la Raspberry Pi, que me permitía hacer básicamente lo mismo que aquel PC (bueno, en él podía además tirar de Windows en el proyector si lo necesitaba), pero en un formato más cómodo y, sobre todo, más eficiente a nivel de consumo.
En la RPi he probado diversas distros y desarrollos que ayudaban a este propósito, pero al final siempre acababa tirando de Raspbmc, que hace unos meses se transformó en OSMC y que se ha convertido en la plataforma por excelencia para la gestión de contenidos multimedia. Hay alternativas fantásticas, eso sí: OpenELEC y Kodi (antes XBMC) son muy populares también, y aquí las diferencias no son del todo importantes. Si lo que quieres es disfrutar de tus contenidos, cualquiera de ellas te resuelve la papeleta de forma fantástica.
Cuando la Raspberry Pi 2 llegó a mis manos mi idea no era la de aprovecharla como Media Center. Mi Raspberry Pi Model B cumplía sin problemas con eso y la distro Raspbmc me ofrecía todo lo que necesitaba. O casi.
Porque había un apartado que perdí con el cambio a estos miniPCs. El sonido envolvente. Mi receptor A/V quedaba desaprovechado porque no podía exprimirlo en condiciones, y mi idea era la de poder aprovechar mi sistema de sonido 5.1, que sin ser nada del otro mundo sí había disfrutado a tope con mi HTPC original.












Pero la Raspberry Pi no está preparado para eso. Al menos, no de serie. Afortunadamente aparecieron diversas alternativas que resolvían el problema, y aunque hace ya más de un año que las Wolfson prometían -aunque también son más caras-, más tarde le puse el ojo en una de las nuevas Hifiberry, los módulos que añadían salidas de audio de diversos tipos para proporcionar esa opción adicional a las Raspberry Pi. Pero al final ni la una, ni la otra.
Después de investigar un poco acabé optando por otro modelo similar: las Pifi Digi+ que venden en Alibaba por 24 dólares y que tenía alguna ventaja práctica sobre las anteriores, como por ejemplo lo de los tornillos que permiten montarla con una sujección perfecta a la RPi 2. Dicho y hecho, tras hacer el pedido y esperar un par de semanas me llegó hace cosa de un mes y me puse manos a la obra para aprovechar sus virtudes.
La cosa no fue tan fácil como preveía, y lo de que la tarjeta funcionase como debía llevó alguna que otra prueba de más. Esta guía parecía dejarlo todo clarito -de hecho, fue la que me convenció de tirar por esa versión de la Hifiberry- pero por alguna razón la cosa no iba. De hecho esa guía no debe estar muy actualizada, porque alguno de los ficheros de configuración que te decían que tenías que tocar ni siquiera existía. Ahora no lo recuerdo bien, pero creo que el /etc/modprobe.d/raspi-blacklist.conf efectivamente no está cuando instalas la última versión de Kodi en la RPi 2, así que eso ya mosquea.

Finalmente me di cuenta de que la cosa era bastante más fácil si pasaba de Kodi y me iba a OSMC: la brevísima guía oficial de Hifiberry para esta plataforma era perfecta, y dos patadas lo tenía todo funcionando.
El resultado: glorioso. Aquí da igual lo de que los famosos 35 dólares de la Raspberry Pi sea mentira. Porque sumando yo me he gastado esos 35 dólares, más la microSD, el teclado Logitech K400 con el que lo controlo todo, la PiFi Digi+, el adaptador de corriente y algún que otro cable (SPDIF, HDMI, Ethernet). O sea, un dinerillo: el total sube a bastante más -a bote pronto, más de 100 euros- pero aún así poder controlar la reproducción multimedia con contenidos que normalmente tiran de mi NAS (ese Synology que me da la vida) es como un pequeño prodigio. Y todo con un consumo de risa, con cero ruido y con una ejecución y una fluidez envidiable, por no hablar de todo lo que ofrecen estas plataformas desde las que uno puede instalar pequeñas miniaplicaciones o add-ons para ver los últimos trailers o acceder a servicios de streaming de música por las buenas.
No sé vosotros pero a mi esto me parece una verdadera pasada. De verdad que lo de la Raspberry Pi es de traca, algo que sabe muy bien Manuti, incondicional de este blog y que desde hace mucho, mucho tiempo cuenta lo prodigioso que es este invento en su Raspberry Pi para torpes. Este post va por ti, majo. Que sigas haciéndolo tan bien durante mucho tiempo.
Si os ha gustado el artículo, quizás queráis aportar. Significa mucho más de lo que imagináis. ¡Gracias!
