¿Te gusta leer libros o te gusta leer?
Uno se cree que hace las cosas mínimamente bien hasta que llega alguien y te pone en tu sitio. Me pasa con lo de escribir: que lo haga todo el día profesional y personalmente no quita para todos los días me encuentre con textos alucinantes. De gente a la que envidio por cómo escribe y por cómo es capaz de expresar de forma simple ideas y conceptos complejos.
Me pasaba hoy al leer en Aeon un artículo prodigioso de Craig Mod titulado “Future Reading” en el que este escritor nos hablaba de su particular experiencia con el Kindle y de cómo este cacharro transformó su forma de leer. El lector de libros electrónicos de Amazon que inició su andadura en 2007 transformó su concepción de los libros. La de él y la de muchos otros millones de personas, por supuesto.

Pero esa experiencia se veía comprometida por una realidad palpable para este autor. La de que un libro es mucho más que su contenido. O la de que al menos puede serlo. Es por eso por lo que finalmente este autor acababa hablando de cómo los libros impresos pueden ser mucho más especiales que cualquier libro electrónico, porque en realidad juegan con ventaja. Al tocarlos, olerlos, y verlos uno revive cosas. Eso no pasa con los libros electrónicos. Al menos, no en mi caso.
Yo veo en un rincón “La sombra del viento“, de Carlos Ruiz Zafón, y recuerdo un viaje en el metro en el que tuve que contener las lágrimas. Toco las novelas de la serie del Capitán Alatriste –bien por Don Arturo– y rememoro una conversación con mi padre. Y claro está, huelo el número uno de Spiderman (Cómics Forum, y sí, para mí es como un buen libro) que guardo en casa y me vienen a la cabeza decenas, cientos de paseos al kiosko de Esteban Arteaga con esa infantil impaciencia y esas ganas de que esas aventuras de Spidey y compañía le sorprendieran a uno. Y vuelvo a citar a este chico:
To return to a book is to return not just to the text but also to a past self. We are embedded in our libraries. To reread is to remember who we once were, which can be equal parts scary and intoxicating
Ole. Y seguimos. En todas esas experiencias pasaba y pasa lo que normalmente no suele pasar en el mundo de los libros electrónicos. Que la experiencia va más allá del texto. Que como decía Mod:
Containers matter. They shape stories and the experience of stories. Choose the right binding, cloth, trim size, texture of paper, margins and ink, and you will strengthen the bond between reader and text. Choose badly and the object becomes a wedge between reader and text.
Qué parrafazo. Otro de muchos del que -repito- es un texto prodigioso. En realidad esa idea de que todo el mundo juzga el libro por la portada es también cierta para cualquier cosa que uno ve en Internet. Lo comenté en ‘La forma y el fondo‘, donde hablaba de varios medios en Internet que cuidan tanto el contenido como el continente. Y de cómo eso ayuda a que como dice Mod “se fortalezca el vínculo entre el lector y el texto“.
El caso es que el autor se quejaba de cómo el libro electrónico no podía a menudo proporcionar esa experiencia. Que el Kindle te deja elegir apenas unas pocas tipografías y que es imposible comparar eso con lo que ofrece un libro como ‘The Conference of Birds‘. Entre otras cosas porque un libro electrónico ronda los 15 euros y ese libro en particular, en esa edición en particular, cuesta 2.980,46 euros.
La comparación es odiosa e injusta, pero tiene su punto. Y lo tiene porque como afirma Mod al final la experiencia de los libros electrónicos está más despersonalizada que la de un libro impreso -que en muchos casos tampoco es que esté especialmente cuidada-:
Designers working within this closed ecosystem are, most critically, limited in typographic and layout options. Amazon and Apple are the paper-makers, the typographers, the printers, the binders and the distributors: if they don’t make a style of paper you like, too bad. The boundaries of digital book design are beholden to their whim.
Al final Mod hace una defensa total de esos libros impresos que para él ofrecen mucho más de lo que un libro impreso podrá ofrecer nunca. Una perspectiva válida que seguramente el citado Don Arturo también defienda y que contrasta con la que aportan los lectores de Aeon, que por una vez demuestran que en los comentarios puede haber debate. Muchos de ellos apuntan a un factor práctico: los libros electrónicos les permiten evitar quedarse ciegos gracias al zoom de las tipografías. O a otro, como el hecho de que uno puede guardar anotaciones. O a otro más democratizador: el de acceder a virtualmente cualquier texto publicado en nuestro planeta a golpe de clic.
Pero el comentario más curioso es el que ha dado título a este artículo. El de que estamos haciendo la pregunta incorrecta y debatiendo sobre el tema equivocado. Lo que habría que preguntar no es si nos gustan los libros, sino si nos gusta leer.
Equilicuá.
Imagen | Unsplash
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